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Siempre me gustarón las días redondos, circulares, donde todo parece tener una conexión extraña y sin un porqué aparente todo pertenece al circulo, cobra sentido y dentro de él mi estrella.

Rodar por la carretera, dejar que la mágica sesación de llegar a buen puerto, al destino, en la vida también, me embriague de emoción pura. En este camino como en otros que me quedan por recorrer necesito rodearme de quienes me hagan sentir segura, y me hagan las cosas más confortables. Gracias a MERCEDES, y no es egocentrismo sino sinergia de valores comunes con la marca de apellido Benz, es posible. Como decía Pablo al montarse en nuestra flamante Mercedes Viano, “Nena… así.. sí”. Y es que en esta banda de veteranos donde rondamos de los 31 a los 40, empezamos a preferir las buenas cenas a largas fiestas mañaneras.

El concierto de Córdoba en el Góngora Café me cuesta resumirlo en palabras. Creo que ha sido la única vez que he salido por tercera vez al escenario después de acabar. Eso dice todo. Volví a emocionarme, porque en mi tierra la gente sabe como hacer que un artista se sienta querido y grande… solo fué necesario corear cada canción y disfrutar como dios manda. Ver que Cuanta Decepción sonaba en sus voces tan intensa como Mejor Mañana es síntoma de ir por buen camino a buen destino. De ir donde me lleven mis pies a pesar de los obstáculos. MAELOC volvío a poner corazón y buen ritmo en manos de los cordobeses, permitiéndonos crear una banda peculiar de 403 personas en una sala tan especial como el Gógora Café. A los chicos de la sala, gracias una vez más.. solo me faltaba el brasero para creer que estaba en la casa de la calle La Palmera, esa donde crecí.

De vuelta.. Madrid, Chueca, Ronda de Atocha, Circo Price y David Bisbal. Mi corazón latió a ritmo de tambores anunciando mi sino. Y es que nací para escribir canciones, eso lo tuve siempre claro, y que la reafirmación te llegue por boca de David quizás sea la forma más bonita que jamás imaginé. Hacía tiempo que no me temblaban las manos. Estaba dispuesta a cantar de la primera a la última palabra de El Ruido a su vez. Dos notas, primera palabra en su boca y no fui capaz. La suma de su voz y la de más de mil personas rompierón mi compostura y no me importó llorar largo y tendido bajo la mirada de quienes de reojo atisbaban la fragilidad de lo inevitable. 30 años soñando con un momento así y lo tuve… a la espera de los que están por venir. No lo olvidaré jamás como no se olvida el ruido de quien ya no está. Llevo nombre de estrella, una estrella guía mis pasos, tengo una que me lleva sobre ruedas y otra que me recuerda al cantar el motivo para seguir.